La nueva función de las Academias de la Lengua
Las funciones atribuidas tradicionalmente a las Academias de la Lengua consistían en la elaboración, difusión y actualización de los tres grandes códigos normativos en los que se concentra la esencia y el funcionamiento de cualquier lengua y que aseguran su unidad: la Ortografía, el Diccionario y la Gramática. Hasta hace algunos años, el modo de alcanzar esos objetivos se planteaba desde el deseo de mantener una lengua "pura", basada en los hábitos lingüísticos de una parte reducida de sus hablantes, una lengua no contaminada por los extranjerismos ni alterada por el resultado de la propia evolución interna. En nuestros días, las Academias, en una orientación más adecuada y también más realista, se han fijado como tarea común la de garantizar el mantenimiento de la unidad básica del idioma, que es, en definitiva, lo que permite hablar de la comunidad hispanohablante, haciendo compatible la unidad del idioma con el reconocimiento de sus variedades internas y de su evolución.
Esta orientación panhispánica, promovida por la Real Academia Española y que las Academias han aplicado sistemáticamente y se plasma en la coautoría de todas las obras publicadas desde la edición de la Ortografía en 1999, procede de la voluntad política de actuar en una determinada dirección, pero requiere también los medios humanos, económicos y técnicos que permitan conocer la realidad actual del español con todo detalle, para luego poder recomendar, con conocimiento de causa, las líneas de actuación más adecuadas.
Al deseo de lograr un mejor conocimiento del español responde la construcción de los dos grandes corpus textuales que, a lo largo de los últimos años, ha creado la Real Academia Española: el Corpus diacrónico del español (CORDE) y el Corpus de referencia del español actual (CREA). Gracias a ellos, los equipos técnicos que trabajan en las Academias —y todos los interesados en el español— pueden hoy observar con seguridad la evolución de una palabra a lo largo del tiempo y su situación actual. Los medios electrónicos que hacen posibles los corpus permiten también que la comunicación entre las Academias y entre sus comisiones especializadas tenga lugar con una frecuencia y velocidad inimaginables hasta hace muy pocos años. Al tiempo, las Academias se han dotado de una estructura de funcionamiento —las comisiones interacadémicas en las que están representadas todas las Academias, agrupadas habitualmente por grandes áreas lingüísticas— que añade a las discusiones técnicas el conocimiento personal de sus miembros, lo cual contribuye decisivamente a la integración cada vez mayor de las instituciones a las que representan.
Por último, con la colaboración económica de la Agencia Española de Cooperación Internacional y del Desarrollo (AECID) y de la Fundación Carolina, la Asociación de Academias ha realizado ya nueve ediciones del Curso de Lexicografía Hispánica y ha establecido una red de becarios que, en todas las Academias, colaboran en las tareas de revisión de los materiales correspondientes a los proyectos en curso. Con todo ello, las Academias de la Lengua se han convertido en centros de referencia para la investigación de los más diversos aspectos del español. El conocimiento de las características que presenta actualmente nuestra lengua en todos los países que integran el mundo hispánico permite llevar a cabo una auténtica política panhispánica, que recoge lo consolidado por el uso y, en los casos necesarios, se adelanta a proponer las opciones que parecen más aconsejables en aquellos puntos en los que el sistema muestra vacilación.

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